lunes, 28 de enero de 2008

Jóvenes y Vida Consagrada III

Miguel Castro

Hemos tenido durante las pasadas semanas, dos testimonios de cómo dedicar la vida entera a llevar el evangelio a aquellos que desconocen a Jesucristo, sin embargo, este ideal es compartido, gracias a Dios, por muchas otras congregaciones cristianas. El siguiente testimonio, nos ayudará a ilustrar algo más de lo que Dios es capaz de hacer en la vida de una persona; misma que ha decidido dar un paso adelante y decirle al Señor ¡Aquí estoy, mándame a mí!


Se trata de un jienense amigo mío, pero qué les parece si mejor dejo que se presente él mismo:

- El testimonio que os voy a contar nada tiene de espectacular, ni de heroico, ni creo que aporte nada nuevo a las muchas experiencias vocacionales que ya estamos acostumbrados a escuchar. Estoy cansado de oír cosas del estilo: “yo era muy feliz antes, lo tenía todo, buenos estudios, buenos amigos con los que hacía botellón, una buena novia, coche y empezaba a ganar un buen sueldo… pero Dios me llamó y lo dejé todo…” Han sido muchas las ocasiones que los jóvenes se han expresado en estos términos para hablar de la radicalidad de su vocación, convirtiéndose en un testimonio prototipo de los jóvenes religiosos de nuestro tiempo. Si eso es así, entonces mi experiencia es la de un religioso joven, y no la de un joven religioso.



Pero antes de seguir narrando esta historia, sería bueno que me presente. Me llamo, mejor dicho, me llaman Miguel, y pertenezco a esa preciosa generación de “los hijos de la Constitución”, así que calculando cuento con 29 años. Soy de Fuerte del Rey, un pequeño pueblo 100% olivarero a 12 Km de Jaén. Hijo y nieto de agricultores, soy agricultor de nacimiento y de corazón, lo cual me hace seguir sembrando cada día las semillas del Evangelio, estando con los pies en la tierra y con los ojos puestos en el cielo.



Allí viví hasta que comencé a estudiar Arquitectura en la Universidad de Granada. Estos años fueron cruciales para madurar la fe y poner en práctica todo aquello que mis padres y catequistas me habían enseñado; pero ahora tendría que hacer mío todo lo recibido. Aunque los “reden” ya eran bien conocidos en casa por mi hermana desde hacía algunos años, fue en Granada donde conocí a los Misioneros Redentoristas. Acabé por incorporarme a los grupos de jóvenes del Santuario de Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro. ¿Por qué aquí y no en otras iglesias vecinas? Dos mujeres muy queridas influyeron: una mi hermana que ya estaba en los grupos, y la mucha gente que iba conociendo por medio de ella; la otra Santa María y el amor por la Madre de Dios que desde muy pequeño mis padres me inculcaron.



Allí fui dando pequeños pasos, en grupos de formación, de moral, de voluntariado, de oración de jóvenes, siendo catequista o participando en algunas misiones, una de ellas en mi pueblo por donde los misioneros redentoristas pasaron.



Encuentros y convivencias, especialmente la Misión Joven de El Espino (monasterio del S.XV. en Burgos), donde cada verano se reúne entorno a 200 jóvenes de toda España, fueron momentos para descubrir el amor de Dios en mi vida, la redención y el perdón. Entre los redentoristas se dice que el éxito de esta Misión Joven, es que los mismos jóvenes por su experiencia y testimonio, se convierten en misioneros y evangelizadores para los demás jóvenes. Esta vivencia de una Iglesia viva, misionera, joven, con ganas de seguir adelante y soñar con un mundo y una Iglesia diferente, donde todos tengamos cabida, fue y sigue siendo un estímulo en la vocación que se despertaba en mí.



Y digo “despertaba”, porque estoy convencido que Dios no dejó nunca de llamarme, desde mi más tierna infancia, de hecho de pequeño los amigos ya me llamaban “Miguelito el curica”, y con ocho años le dije a un obispo que yo no sería cura, sino obispo o papa; menudo atrevimiento. Claro que por entonces aún no conocía la vida religiosa, no sabía que era un misionero, ni un fraile, a lo más conocía a alguna “monjita”.



Años más tarde tras una Pascua haciendo el Camino de Santiago me decidí a dar respuesta a algo que hacía tiempo me inquietaba: ¿Dios me quería como Misionero en la Congregación del Santísimo Redentor fundada por San Alfonso para la Evangelización de los abandonados, de los pobres? ¿Sería posible que algún día se hiciese realidad esos sueños de niño, de ser sacerdote, de ser misionero construyendo casitas en algún país del tercer mundo? ¿Cómo sería la vida comunitaria desde dentro?



Por entonces tenía 25 años cuando comencé en la Congregación. Para algunos “vocación tardía”, para mí lo que llegó “tarde” sería más bien mi respuesta, aunque considero que fueron necesarias todas las experiencias anteriores para descubrir el valor de la vocación. Antes era feliz, y ahora lo sigo siendo. Antes tenía unas cosas que me hacían feliz y me realizaban en un proyecto profesional, ahora tengo otras cosas que me realizan en un proyecto de vida junto a Dios.



Cuando hablo con amigos de la vocación misionera, siempre les digo que no hay que tener prisa, que la paciencia todo lo alcanza, también la de Dios con nosotros, que Dios es muy pesado, y quiere lo mejor para cada uno de nosotros. Pero que es necesario responder, que también “este arroz se pasa”. Así que si alguien ve que ha llegado ese momento que lo haga, pues el proyecto de Dios, no se puede detener.



Refiriéndome a los tópicos del principio, concluyo expresando que la Vida Consagrada para mí no significa una pérdida de libertad, ni de felicidad. La Vida Religiosa es haber encontrado el proyecto de Dios para mí, caminar por la felicidad que Dios me ofrece y me capacita para amar desinteresadamente. Poder compartir el amor, en el silencio y en la intimidad mediante un trato familiar con Dios. Poder compartir y crecer en la experiencia redentora en medio de la comunidad. Y poder anunciar la liberación y la salvación que Dios ha obrado por medio de Jesús, nuestro Redentor y Señor en cada persona.

9 comentarios:

Juan Rubio dijo...

Emociona escuchar este testimonio, particularmente para quien hemos conocido a Miguel desde muy pequeño. ¡ Adelante querido paisano ! Felicidades por tanta ilusión.

JUAN RUBIO

Anónimo dijo...

En primer lugar me gustaría dar las gracias al autor de este blog por abrir un espacio a la comunicación, porque las palabras que aquí se leen no son vacías, están llenas de vida, y llegan a lo más profundo del corazón, por lo menos lo han conseguido con el mío. ¿Y qué decir de Miguel? Lo primero un GRACIAS enorme x invitarme a leer su testimonio y por su apoyo constante. Su cercanía, entrega y alegría son un verdadero regalo que ayuda a caminar y a descubrir el proyecto que Dios ha pensado para cada uno de nosotros. Sigue ADELANTE. Gracias por todo!

Pablete

José Ignacio Pedregosa dijo...

Apreciado Pablete: Gracias a ti por entrar en comunicación con nosotros y por tus palabras de aliento. Esperamos poder seguir llegando a tu corazón. Nuestra pretensión no es otra que la que nos señala el Papa en su mensaje para la próxima Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales:«Buscar la verdad para compartirla». Un saludo afectuoso.

José Ignacio Pedregosa dijo...

Querido amigo Juan: ¡Qué alegría verte por mi blog y saber que tenemos otro amigo en común como es Miguel. Esperamos que Miguel siga llevando ilusión por todo el mudo. Y a ti te deseo que desde tu responsabilidad como periodista, escritor y sobre todo lector, sigas llevando la frecura del evangelio en los medios de comunicación social. Ya sabes donde está tu casa. Espero que nos veamos pronto. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Querido Miguel: Gracias por considerarme una amiga, y compartir tu testimonio de vida y de fe, además de casi un par de años de tu vida como religioso y catequista.... Me gusta la gente sencilla y buena, como tú; siempre disponible a las necesidades de los demás... Qué forma tan bonita de hacer presente a Dios entre los hombres.
A.S.S.

Mario Abraham, SSP dijo...

Hola a Todos, Me alegra que el blog sirva paraque podamos compartir nuestra vocación e intentar contagiar a otros, la alegría de vivir y sentir que se es útil a la humanidad.
Gracias a Miguel, a Susana y a Paco por cada uno de sus testimonios.
Y gracias a Dios por invitarnos a compartir este estado de vida. ATTE. El autor del artículo.

Anónimo dijo...

gracias Miguel por tu mensaje. Realmente encuentro reflejado en tí el verdadero sentido de la vocación religiosa, una sincera búsqueda de la felicidad que por tus características especiales, tu vida y tu percepción personal de Dios te ha llevado a la vida en una congregación como religioso.Te atreves a ser feliz y a decirlo, sin poner el acento en hipotéticas renuncias . Asumes con naturalidad los límites con los que cualquier ser humano debe contar para asumir un tipo u otro de vida, y eso te hace capaz de una relación sana y enriquecedora con todas las personas que en su propia situación te encuentres en el camino. Me alegro de ser una de ellas.
Charo.

Anónimo dijo...

Miguel, Dios te ha querido como Misionero Redentorista y nosotros le damos gracias por ser testigos de cómo vives e irradias la presencia de Cristo en la Comunidad de San Gerardo y por haber conocido a tu familia que es tan especial para nosotros. GyT

José Ignacio Pedregosa dijo...

Quiero daros las gracias a todos los que a diario entráis en el blog, que me consta que sois bastantes, aunque no escribáis ningún mensaje. Gracias a estos jóvenes que han querido compartir con todos nosotros su experiencia de consagración, que han querido compartir parte del gran regalo que nuestro Buen Padre Dios les ha hecho. A todos los bloggeros os llevo en el corazón y os encomiendo al Maestro Divino. Gracias.