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lunes, 20 de diciembre de 2010

"Comunicadores: vivid tiempos y espacios de silencio"

MENSAJE DE S.E. CLAUDIO MARIA CELLI EN LA FIESTA DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE 2010

Queridos amigos y amigas comunicadores de América Latina:

En esta entrañable fiesta de nuestra Madre, que hace sintonizar en el mismo Espíritu a millones de personas del continente, quiero hacerles llegar de nuevo mi cordial saludo.

La Misión continental que se está desarrollando en América Latina anima a muchas personas a tomar nueva conciencia de lo que significa ser discípulos de Jesús. Las Iglesias locales impulsan esta tarea con entusiasmo, recordando que ser sus discípulos significa haber vivido un auténtico encuentro con Él, haber experimentado su bondad, su amor y su misericordia en nuestra historia personal. Esta experiencia marca y transforma la vida de manera permanente, y por ello deseamos comunicarla a otros, transformándonos así en misioneros y misioneras.

El encuentro con el Señor tiene muchas facetas. Siendo personal, es siempre también comunitario; se da en la soledad y el silencio, pero también de manera privilegiada en las celebraciones litúrgicas y en la vida de familia. Se alimenta en el diálogo y la oración comunitaria, se expresa en el canto, en la catequesis, culmina en la acción y el servicio.

Por eso yo querría en esta Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe invitarles, precisamente como comunicadores y comunicadoras, a saborear de nuevo la experiencia del encuentro con Cristo. Les invito a vivir tiempos y espacios de silencio durante estos días del Adviento, para escuchar la voz de Jesús que nos habla al corazón. ¡De la mano de María, encontrémonos con Él sin prisas, pues nos espera siempre! Pongamos un dique a la inundación de quehaceres y ruidos que tantas veces nos arrastran sin freno. El silencio se parece a una pantalla blanca sobre la cual podemos proyectar la película de nuestra vida cotidiana para verla nítidamente. Si la proyectáramos sobre una pared llena de cuadros, de libros y objetos, con ruido de fondo, poco podríamos comprender. Sólo en el silencio se asumen de manera más consciente las propias opciones; en el silencio se escucha la voz de Dios. Así podremos ser auténticos portadores de su Palabra, como María que “guardaba todas esas cosas en su corazón” (Lc 2,19) y “hacer lo que Él nos diga” (cf. Jn. 2,5).

Quizá es un consejo difícil de seguir en este momento de bombardeo informativo, de exigencias pastorales, de ajetreo en las familias, en nuestros medios de comunicación y parroquias, para no hablar de las compras, los regalos, las fiestas y celebraciones. Pero… si dedicamos tiempo a seleccionar los ingredientes y a preparar las cenas y comidas que compartiremos en un clima de festivo, ¿no debemos preparar también, y más si cabe, aquello que comunicaremos a través de radios, periódicos, programas de televisión, sitios web? ¿Qué podemos dar de sustancioso, si nuestra vida se va quedando llena sólo de palabras repetidas, con escaso fondo y apenas contenido? Dediquemos tiempo al Señor a quien estamos esperando en este Adviento.

Que María de Guadalupe, Emperatriz de América y también Patrona de la RIIAL, nos alcance de Dios el don del silencio interior, justamente para poder renovar nuestra vida de discípulos y discípulas del Señor, y para que Él haga fructificar nuestras palabras, textos, imágenes y notas musicales portadoras de la Buena Nueva.

Muy feliz fiesta de Guadalupe y muy feliz Navidad a todos ustedes.


+Claudio Maria Celli

Presidente Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales

viernes, 8 de octubre de 2010

Verdad, anuncio y autenticidad de vida en la era digital

Este es el tema escogido por el Papa Benedicto XVI para la 45º Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. El Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales lo hacía público el pasado miércoles 6 de octubre por medio de un comunicado.
Este tema se caracteriza por poner a la persona humana en el centro de cualquier proceso de comunicación. El comunicado destaca la importancia el valor del testimonio personal en un época totalmente dominada por las nuevas tecnologías. Ahora más que nunca podemos decir que nuestro momento presente es el de la cultura de la comunicación.
Todos los que de alguna manera estamos implicados en el mundo de la comunicación, ahora más que nunca, debemos ser coherentes y presentar a todas la utenticidad de nuestra vida.
Lo he dicho muchas veces: el medio nunca podrá sustituir al comunicador, y menos aún al comunicador católico que lo que debe anunciar es la Verdad. La credibilidad no puede estar, ni debe estar en el medio. La credibilidad es una característica del ser humano. No lo olvidemos nunca.
Todavía tendremos que esperar al día 24 de enero, fiesta de San Francisco de Sales, para que el Santo Padre publique su tradicional mensaje. Desde estas páginas lo esperamos con avidez, para poderlo poner en práctica en la medida de cada uno.

martes, 9 de febrero de 2010

La Iglesia y el desafío de las nuevas tecnologías de comunicación

Os ofrezco un interesante documento de Mons. Claudio Celli, Presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales. En él se nos urge a los católicos a formarnos en el campo de la comunicación. Espero que os guste y os sea útil.


El panorama comunicativo de hoy es más complejo que el intuido hace casi cincuenta años por los Padres conciliares, pero ellos abrieron el camino de la Iglesia para que el momento actual no nos encontrara impreparados. El Conclio Vaticano II fue la clave para impulsar una presencia viva de la Iglesia en el diálogo social, y sigue siendo orientación y guía para nosotros e n el trabajo pastoral. Diría que el documento de Aparecida recoge de manera singular el espíritu del Vaticano II y lo expresa en categorías actuales y adecuadas al Continente, al llamar a la Iglesia a ponerse en estado de misión. Éste es nuestro objetivo: servir a la misión de la Iglesia, llamada a ser signo visible del Reino de Dios en la tierra.

Hoy vemos cómo los medios de comunicación llamados “tradicionales” no desaparecen, sino que se suman a los nuevos, y todos se integran en un sistema más amplio que nos obliga a gestionar algo que podría englobar a todos los desafíos: la complejidad. No es tiempo de respuestas unilaterales o simplistas. Pero no hemos de temer, pues la Iglesia está habituada a adentrarse en nuevos paradigmas culturales. Lo ha hecho, no sin tensiones, dejándose conducir por el Espíritu Santo, durante sus dos milenios de historia y en todos los rincones de la geografía mundial.

Señalaba en mi primera intervención que la Iglesia no parte de cero, sino que ve florecer numerosas y buenas
iniciativas en este campo. Mi invitación a todas ellas es que no actúen solas, sino que tengan conciencia de que hoy es posible la colaboración y el trabajo en red, conservando cada entidad los propios carismas. La Iglesia debe actuar como un cuerpo bien articulado, que integra la diversidad de sus miembros.

Veamos p
ues algunos de los desafíos que nos presenta este complejo sistema mediático, marcado por la multiplicidad, la brevedad y la portabilidad.

1. La multiplicación de l
os espacios de encuentro: diálogo e interactividad
2. La multiplicación de los l
enguajes: del texto al videoclip
3. La consecuente urgencia de una formación adecuada a todo nivel.
4. Redefinir la financiación y sostenibilidad de los proyectos comunicativos
5. Impulsar la capacidad de discernimiento en la información


Veamos pues algunos de los desafíos concretos que afrontamos.

1. Multiplicación de los espacios de encuentro: diálogo e interactividad

Preocupa a algunos el riesgo de que la Iglesia pueda descuidar su labor presencial directa, la celebración de los sacramentos, la asistencia personal a los necesitados, etc., para lanzarse a los espacios cibernéticos que ahora la reclaman. Nada más lejano a la realidad. La Iglesia simplemente responde a la necesidad de cubrir, además de los primigenios espacios de encuentro, también los nuevos que se van abriendo como territorios de misión (cf. Benedicto XVI, Mensaje 2009). No debemos abandonar ninguno. Hemos de estar presentes allá donde las personas están y comparten la vida, física o virtualmente, para escucharlas, dialogar y ofrecer la Buena Nuev a de Jesucristo de modo que se encuentren con Él de manera personal.

El desafío de l
a interactividad en los nuevos medios es de los más exigentes de nuestros días. Los sitios web eclesiales siguen siendo en su mayoría “vitrinas” unidireccionales, no por falta de capacidad tecnológica, sino por la escasez de personas, más aún cuando deben estar capacitadas para establecer un diálogo múltiple y tan absorbente como el que puede llegar a darse a través de Internet.

Se necesitan agentes de pastoral que dediquen oración y horas a leer y disc
ernir los mensajes con significado -sean o no favorables a la Iglesia y a la fe- de aquéllos que son frívolos y vacíos, para poder responder adecuadamente en cada caso. Interactividad significa diálogo, y diálogo significa tiempo y dedicación. A esto me refiero cuando invito a hacer una diakonia de l a cultura digital. Un servicio dedicado y eficaz a las personas también en el espacio virtual.

2. Multiplicación de los lenguajes

Cuando decimos “nu
evos medios” no estamos diciendo sólo tecnología. Estamos diciendo “lenguajes”. Los dispositivos electrónicos son extensiones comunicativo-culturales capaces de emitir en diversos códigos, del texto breve a la imagen y el sonido en unas formas muy lejanas a la lógica discursiva que marcó a la modernidad. Los sitios web ya no son depósitos de textos. La comunicación es poliédrica, multimedial, y cada medio tiene sus lenguajes.

Eso nos exige inspir
arnos en nuestras fuentes bíblicas -la historia breve, las parábolas, la narración, la imagen, la música- y estimular a los artistas de hoy (tantas veces jovencísimos) a expresar con formas y sonido actuales la experiencia inefa ble del encuentro con Dios, tal como han hecho innumerables artistas a lo largo de la historia, bajo los auspicios y con el apoyo de la Iglesia. (Encuentro de Benedicto XVI con los artistas).

3. Urgencia de la formación

Queda de manifiesto ahora el por qué estamos empeñados en impulsar una verdadera ola de formación de agentes, a todos los niveles de la Iglesia, en comunicación y cultura digital. Si todos somos discípulos del Señor y misioneros de su Palabra, todos hemos de saber comunicarla. Recuerdo aquí a tantos sacerdotes y agentes de pastoral que, sin acceso a medios digitales, usan la tinta y el papel o la radio comunitaria para anunciar la palabra.

Tanto ellos como los grandes portales y los entes de televisión eclesiales, todos necesitan personas capacitadas para optimizar sus esfuerzos y los recursos dedicados a la comunicación. Urgen sacerdotes, religiosos y religiosas, padres y madres de familia, maestros, catequistas, jóvenes y niños con formación comunicativa. Hoy es importante que la formación infantil incluya el aprender a participar en el diálogo social con cortesía, expresando el propio parecer en la búsqueda de la verda
d, sin recurrir al insulto o la denigración del otro. La comunicación no puede ya ser un aspecto más de la pastoral de la Iglesia, sino debe atravesarla transversalmente.

4. Redefinir la financiación y sostenibilidad de las iniciativas

En el contexto católico no son muchas las iniciativas de comunicación saludables económicamente. Este es otro gran desafío que afrontamos, empezando por aceptar que los medios católicos necesitan medios. Todos los miembros de la Iglesia hemos de colaborar para su sostenimiento. Hay diversos modelos de financiación, algunos más empresariales, otros por suscripción de abonados, otros de financiación mixta. Los modelos pueden ser aplicables en distintas circunstancias. Pero una sana gestión económica, transparente y escrupulosa en la rendición de cuentas, suele ser garantía de estabilidad y buen uso de los recursos obtenidos.

5. Impulsar la capacidad de discernimiento en la información

Dado que se multiplican al infinito las fuentes de información, ésta puede llegar a volverse indigesta hasta la intoxicación. Por eso urgen criterios de selección y discernimiento que ayuden a los usuarios a tener una “dieta informativa” gestionable y sana, más aún en la referida al hecho religioso, tantas veces objeto de sesgo y parcialidad en los medios. Las claves de lectura ayudarán a una visión madura del creyente y a la creación de una opinión pública menos sujeta a manipulaciones o visiones de parte. No tengamos miedo al diálogo.

Vamos adelante en ese camino, pero aún tenemos un enorme trecho por recorrer. Nos da paz la convicción de que es el Espíritu del Señor el protagonista de toda la misión eclesial, y Él nos guía y sostiene en nuestra labor comunicativa al servicio del Reino.