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lunes, 14 de febrero de 2011

Verdad, anuncio y autenticidad de vida en la era digital


Queridos Hermanos y Hermanas,

Con ocasión de la XLV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, deseo compartir algunas reflexiones, motivadas por un fenómeno característico de nuestro tiempo: la propagación de la comunicación a través de internet. Se extiende cada vez más la opinión de que, así como la revolución industrial produjo un cambio profundo en la sociedad, por las novedades introducidas en el ciclo productivo y en la vida de los trabajadores, la amplia transformación en el campo de las comunicaciones dirige las grandes mutaciones culturales y sociales de hoy. Las nuevas tecnologías no modifican sólo el modo de comunicar, sino la comunicación en sí misma, por lo que se puede afirmar que nos encontramos ante una vasta transformación cultural. Junto a ese modo de difundir información y conocimientos, nace un nuevo modo de aprender y de pensar, así como nuevas oportunidades para establecer relaciones y construir lazos de comunión.

Se presentan a nuestro alcance objetivos hasta ahora impensables, que asombran por las posibilidades de los nuevos medios, y que a la vez exigen con creciente urgencia una seria reflexión sobre el sentido de la comunicación en la era digital. Esto se ve más claramente aún cuando nos confrontamos con las extraordinarias potencialidades de internet y la complejidad de sus aplicaciones. Como todo fruto del ingenio humano, las nuevas tecnologías de comunicación deben ponerse al servicio del bien integral de la persona y de la humanidad entera. Si se usan con sabiduría, pueden contribuir a satisfacer el deseo de sentido, de verdad y de unidad que sigue siendo la aspiración más profunda del ser humano.

Transmitir información en el mundo digital significa cada vez más introducirla en una red social, en la que el conocimiento se comparte en el ámbito de intercambios personales. Se relativiza la distinción entre el productor y el consumidor de información, y la comunicación ya no se reduce a un intercambio de datos, sino que se desea compartir. Esta dinámica ha contribuido a una renovada valoración del acto de comunicar, considerado sobre todo como diálogo, intercambio, solidaridad y creación de relaciones positivas.

Por otro lado, todo ello tropieza con algunos límites típicos de la comunicación digital: una interacción parcial, la tendencia a comunicar sólo algunas partes del propio mundo interior, el riesgo de construir una cierta imagen de sí mismos que suele llevar a la autocomplacencia.

De modo especial, los jóvenes están viviendo este cambio en la comunicación con todas las aspiraciones, las contradicciones y la creatividad propias de quienes se abren con entusiasmo y curiosidad a las nuevas experiencias de la vida.

Cuanto más se participa en el espacio público digital, creado por las llamadas redes sociales, se establecen nuevas formas de relación interpersonal que inciden en la imagen que se tiene de uno mismo. Es inevitable que ello haga plantearse no sólo la pregunta sobre la calidad del propio actuar, sino también sobre la autenticidad del propio ser. La presencia en estos espacios virtuales puede ser expresión de una búsqueda sincera de un encuentro personal con el otro, si se evitan ciertos riesgos, como buscar refugio en una especie de mundo paralelo, o una excesiva exposición al mundo virtual. El anhelo de compartir, de establecer "amistades", implica el desafío de ser auténticos, fieles a sí mismos, sin ceder a la ilusión de construir artificialmente el propio "perfil" público.

Las nuevas tecnologías permiten a las personas encontrarse más allá de las fronteras del espacio y de las propias culturas, inaugurando así un mundo nuevo de amistades potenciales. Ésta es una gran oportunidad, pero supone también prestar una mayor atención y una toma de conciencia sobre los posibles riesgos. ¿Quién es mi "prójimo" en este nuevo mundo? ¿Existe el peligro de estar menos presentes con quien encontramos en nuestra vida cotidiana ordinaria? ¿Tenemos el peligro de caer en la dispersión, dado que nuestra atención está fragmentada y absorta en un mundo "diferente" al que vivimos? ¿Dedicamos tiempo a reflexionar críticamente sobre nuestras decisiones y a alimentar relaciones humanas que sean realmente profundas y duraderas? Es importante recordar siempre que el contacto virtual no puede y no debe sustituir el contacto humano directo, en todos los aspectos de nuestra vida.

También en la era digital, cada uno siente la necesidad de ser una persona auténtica y reflexiva. Además, las redes sociales muestran que uno está siempre implicado en aquello que comunica. Cuando se intercambian informaciones, las personas se comparten a sí mismas, su visión del mundo, sus esperanzas, sus ideales. Por eso, puede decirse que existe un estilo cristiano de presencia también en el mundo digital, caracterizado por una comunicación franca y abierta, responsable y respetuosa del otro.

Comunicar el Evangelio a través de los nuevos medios significa no sólo poner contenidos abiertamente religiosos en las plataformas de los diversos medios, sino también dar testimonio coherente en el propio perfil digital y en el modo de comunicar preferencias, opciones y juicios que sean profundamente concordes con el Evangelio, incluso cuando no se hable explícitamente de él.

Asimismo, tampoco se puede anunciar un mensaje en el mundo digital sin el testimonio coherente de quien lo anuncia. En los nuevos contextos y con las nuevas formas de expresión, el cristiano está llamado de nuevo a responder a quien le pida razón de su esperanza (cf. 1 P 3,15).

El compromiso de ser testigos del Evangelio en la era digital exige a todos el estar muy atentos con respecto a los aspectos de ese mensaje que puedan contrastar con algunas lógicas típicas de la red. Hemos de tomar conciencia sobre todo de que el valor de la verdad que deseamos compartir no se basa en la "popularidad" o la cantidad de atención que provoca. Debemos darla a conocer en su integridad, más que intentar hacerla aceptable, quizá desvirtuándola. Debe transformarse en alimento cotidiano y no en atracción de un momento.

La verdad del Evangelio no puede ser objeto de consumo ni de disfrute superficial, sino un don que pide una respuesta libre. Esa verdad, incluso cuando se proclama en el espacio virtual de la red, está llamada siempre a encarnarse en el mundo real y en relación con los rostros concretos de los hermanos y hermanas con quienes compartimos la vida cotidiana. Por eso, siguen siendo fundamentales las relaciones humanas directas en la transmisión de la fe.

Con todo, deseo invitar a los cristianos a unirse con confianza y creatividad responsable a la red de relaciones que la era digital ha hecho posible, no simplemente para satisfacer el deseo de estar presentes, sino porque esta red es parte integrante de la vida humana. La red está contribuyendo al desarrollo de nuevas y más complejas formas de conciencia intelectual y espiritual, de comprensión común. También en este campo estamos llamados a anunciar nuestra fe en Cristo, que es Dios, el Salvador del hombre y de la historia, Aquél en quien todas las cosas alcanzan su plenitud (cf. Ef 1, 10). La proclamación del Evangelio supone una forma de comunicación respetuosa y discreta, que incita el corazón y mueve la conciencia; una forma que evoca el estilo de Jesús resucitado cuando se hizo compañero de camino de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 13-35), a quienes mediante su cercanía condujo gradualmente a la comprensión del misterio, dialogando con ellos, tratando con delicadeza que manifestaran lo que tenían en el corazón.

La Vedad, que es Cristo, es en definitiva la respuesta plena y auténtica a ese deseo humano de relación, de comunión y de sentido, que se manifiesta también en la participación masiva en las diversas redes sociales. Los creyentes, dando testimonio de sus más profundas convicciones, ofrecen una valiosa aportación, para que la red no sea un instrumento que reduce las personas a categorías, que intenta manipularlas emotivamente o que permite a los poderosos monopolizar las opiniones de los demás. Por el contrario, los creyentes animan a todos a mantener vivas las cuestiones eternas sobre el hombre, que atestiguan su deseo de trascendencia y la nostalgia por formas de vida auténticas, dignas de ser vividas.

Esta tensión espiritual típicamente humana es precisamente la que fundamenta nuestra sed de verdad y de comunión, que nos empuja a comunicarnos con integridad y honradez.

Invito sobre todo a los jóvenes a hacer buen uso de su presencia en el espacio digital. Les reitero nuestra cita en la próxima Jornada Mundial de la Juventud, en Madrid, cuya preparación debe mucho a las ventajas de las nuevas tecnologías. Para quienes trabajan en la comunicación, pido a Dios, por intercesión de su Patrón, san Francisco de Sales, la capacidad de ejercer su labor conscientemente y con escrupulosa profesionalidad, a la vez que imparto a todos la Bendición Apostólica.

Vaticano, 24 de enero 2011, Fiesta de San Francisco de Sales.

viernes, 8 de octubre de 2010

Verdad, anuncio y autenticidad de vida en la era digital

Este es el tema escogido por el Papa Benedicto XVI para la 45º Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. El Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales lo hacía público el pasado miércoles 6 de octubre por medio de un comunicado.
Este tema se caracteriza por poner a la persona humana en el centro de cualquier proceso de comunicación. El comunicado destaca la importancia el valor del testimonio personal en un época totalmente dominada por las nuevas tecnologías. Ahora más que nunca podemos decir que nuestro momento presente es el de la cultura de la comunicación.
Todos los que de alguna manera estamos implicados en el mundo de la comunicación, ahora más que nunca, debemos ser coherentes y presentar a todas la utenticidad de nuestra vida.
Lo he dicho muchas veces: el medio nunca podrá sustituir al comunicador, y menos aún al comunicador católico que lo que debe anunciar es la Verdad. La credibilidad no puede estar, ni debe estar en el medio. La credibilidad es una característica del ser humano. No lo olvidemos nunca.
Todavía tendremos que esperar al día 24 de enero, fiesta de San Francisco de Sales, para que el Santo Padre publique su tradicional mensaje. Desde estas páginas lo esperamos con avidez, para poderlo poner en práctica en la medida de cada uno.

martes, 26 de enero de 2010

44ª JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

"El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la palabra."


16 de mayo 2010

Mensaje del Santo Padre


Queridos Hermanos y Hermanas,

El tema de la próxima Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales - "El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la Palabra" - se inserta muy apropiadamente en el camino del Año Sacerdotal, y pone en primer plano la reflexión sobre un ámbito pastoral vasto y delicado como es el de la comunicación y el mundo digital, ofreciendo al sacerdote nuevas posibilidades de realizar su particular servicio a la Palabra y de la Palabra. Las comunidades eclesiales, han incorporado desde hace tiempo los nuevos medios de comunicación como instrumentos ordinarios de expresión y de contacto con el propio territorio, instaurado en muchos casos formas de diálogo aún de mayor alcance. Su reciente y amplia difusión, así como su notable influencia, hacen cada vez más importante y útil su uso en el ministerio sacerdotal.

La tarea primaria del sacerdote es la de anunciar a Cristo, la Palabra de Dios hecha carne, y comunicar la multiforme gracia divina que nos salva mediante los Sacramentos. La Iglesia, convocada por la Palabra, es signo e instrumento de la comunión que Dios establece con el hombre y que cada sacerdote está llamado a edificar en Él y con Él. En esto reside la altísima dignidad y belleza de la misión sacerdotal, en la que se opera de manera privilegiada lo que afirma el apóstol Pablo: "Dice la Escritura: 'Nadie que cree en Él quedará defraudado'... Pues "todo el que invoca el nombre del Señor se salvará". Ahora bien, ¿cómo van a invocarlo si no creen en Él? ¿Cómo van a creer si no oyen hablar de Él? ¿Y cómo van a oír sin alguien que les predique? ¿Y cómo van a predicar si no los envían?" (Rm 10,11.13-15).


Las vías de comunicación abiertas por las conquistas tecnológicas se han convertido en un instrumento indispensable para responder adecuadamente a estas preguntas, que surgen en un contexto de grandes cambios culturales, que se notan especialmente en el mundo juvenil. En verdad el mundo digital, ofreciendo medios que permiten una capacidad de expresión casi ilimitada, abre importantes perspectivas y actualiza la exhortación paulina: "¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!" (1 Co 9,16). Así pues, con la difusión de esos medios, la responsabilidad del anuncio no solamente aumenta, sino que se hace más acuciante y reclama un compromiso más intenso y eficaz. A este respecto, el sacerdote se encuentra como al inicio de una "nueva historia", porque en la medida en que estas nuevas tecnologías susciten relaciones cada vez más intensas, y cuanto más se amplíen las fronteras del mundo digital, tanto más se verá llamado a ocuparse pastoralmente de este campo, multiplicando su esfuerzo para poner dichos medios al servicio de la Palabra.

Sin embargo, la creciente multimedialidad y la gran variedad de funciones que hay en la comunicación, pueden comportar el riesgo de un uso dictado sobre todo por la mera exigencia de hacerse presentes, considerando internet solamente, y de manera errónea, como un espacio que debe ocuparse. Por el contrario, se pide a los presbíteros la capacidad de participar en el mundo digital en constante fidelidad al mensaje del Evangelio, para ejercer su papel de animadores de comunidades que se expresan cada vez más a través de las muchas "voces" surgidas en el mundo digital. Deben anunciar el Evangelio valiéndose no sólo de los medios tradicionales, sino también de los que aporta la nueva generación de medios audiovisuales (foto, vídeo, animaciones, blogs, sitios web), ocasiones inéditas de diálogo e instrumentos útiles para la evangelización y la catequesis.

El sacerdote podrá dar a conocer la vida de la Iglesia mediante estos modernos medios de comunicación, y ayudar a las personas de hoy a descubrir el rostro de Cristo. Para ello, ha de unir el uso oportuno y competente de tales medios - adquirido también en el período de formación - con una sólida preparación teológica y una honda espiritualidad sacerdotal, alimentada por su constante diálogo con el Señor. En el contacto con el mundo digital, el presbítero debe trasparentar, más que la mano de un simple usuario de los medios, su corazón de consagrado que da alma no sólo al compromiso pastoral que le es propio, sino al continuo flujo comunicativo de la "red".

También en el mundo digital, se debe poner de manifiesto que la solicitud amorosa de Dios en Cristo por nosotros no es algo del pasado, ni el resultado de teorías eruditas, sino una realidad muy concreta y actual. En efecto, la pastoral en el mundo digital debe mostrar a las personas de nuestro tiempo y a la humanidad desorientada de hoy que "Dios está cerca; que en Cristo todos nos pertenecemos mutuamente" (Discurso a la Curia romana para el intercambio de felicitaciones navideñas, 22 diciembre 2009).

¿Quién mejor que un hombre de Dios puede desarrollar y poner en práctica, a través de la propia competencia en el campo de los nuevos medios digitales, una pastoral que haga vivo y actual a Dios en la realidad de hoy? ¿Quién mejor que él para presentar la sabiduría religiosa del pasado como una riqueza a la que recurrir para vivir dignamente el hoy y construir adecuadamente el futuro? Quien trabaja como consagrado en los medios, tiene la tarea de allanar el camino a nuevos encuentros, asegurando siempre la calidad del contacto humano y la atención a las personas y a sus auténticas necesidades espirituales. Le corresponde ofrecer a quienes viven éste nuestro tiempo "digital" los signos necesarios para reconocer al Señor; darles la oportunidad de educarse para la espera y la esperanza, y de acercarse a la Palabra de Dios que salva y favorece el desarrollo humano integral. La Palabra podrá así navegar mar adentro hacia las numerosas encrucijadas que crea la tupida red de autopistas del ciberespacio, y afirmar el derecho de ciudadanía de Dios en cada época, para que Él pueda avanzar a través de las nuevas formas de comunicación por las calles de las ciudades y detenerse ante los umbrales de las casas y de los corazones y decir de nuevo: "Estoy a la puerta llamando. Si alguien oye y me abre, entraré y cenaremos juntos" (Ap 3, 20).

En el Mensaje del año pasado animé a los responsables de los procesos comunicativos a promover una cultura de respeto por la dignidad y el valor de la persona humana. Ésta es una de las formas en que la Iglesia está llamada a ejercer una "diaconía de la cultura" en el "continente digital". Con el Evangelio en las manos y en el corazón, es necesario reafirmar que hemos de continuar preparando los caminos que conducen a la Palabra de Dios, sin descuidar una atención particular a quien está en actitud de búsqueda. Más aún, procurando mantener viva esa búsqueda como primer paso de la evangelización. Así, una pastoral en el mundo digital está llamada a tener en cuenta también a quienes no creen y desconfían, pero que llevan en el corazón los deseos de absoluto y de verdades perennes, pues esos medios permiten entrar en contacto con creyentes de cualquier religión, con no creyentes y con personas de todas las culturas. Así como el profeta Isaías llegó a imaginar una casa de oración para todos los pueblos (cf. Is 56,7), quizá sea posible imaginar que podamos abrir en la red un espacio - como el "patio de los gentiles" del Templo de Jerusalén - también a aquéllos para quienes Dios sigue siendo un desconocido.

El desarrollo de las nuevas tecnologías y, en su dimensión más amplia, todo el mundo digital, representan un gran recurso para la humanidad en su conjunto y para cada persona en la singularidad de su ser, y un estímulo para el debate y el diálogo. Pero constituyen también una gran oportunidad para los creyentes. Ningún camino puede ni debe estar cerrado a quien, en el nombre de Cristo resucitado, se compromete a hacerse cada vez más prójimo del ser humano. Los nuevos medios, por tanto, ofrecen sobre todo a los presbíteros perspectivas pastorales siempre nuevas y sin fronteras, que lo invitan a valorar la dimensión universal de la Iglesia para una comunión amplia y concreta; a ser testigos en el mundo actual de la vida renovada que surge de la escucha del Evangelio de Jesús, el Hijo eterno que ha habitado entre nosotros para salvarnos. No hay que olvidar, sin embargo, que la fecundidad del ministerio sacerdotal deriva sobre todo de Cristo, al que encontramos y escuchamos en la oración; al que anunciamos con la predicación y el testimonio de la vida; al que conocemos, amamos y celebramos en los sacramentos, sobre todo en el de la Santa Eucaristía y la Reconciliación.

Queridos sacerdotes, os renuevo la invitación a asumir con sabiduría las oportunidades específicas que ofrece la moderna comunicación. Que el Señor os convierta en apasionados anunciadores de la Buena Noticia, también en la nueva "ágora" que han dado a luz los nuevos medios de comunicación.

Con estos deseos, invoco sobre vosotros la protección de la Madre de Dios y del Santo Cura de Ars, y con afecto imparto a cada uno la Bendición Apostólica.

Vaticano, 24 de enero 2010, Fiesta de San Francisco de Sales.

lunes, 21 de abril de 2008

42ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

MENSAJE DE MONS. CLAUDIO MARÍA CELLI
Presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales

Como bien sabéis, el Papa Benedicto XVI ha elegido como lema para la 42º Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales “Los medios: en la encrucijada entre protagonismo y servicio. Buscar la Verdad para compartirla”.

En cierta medida, habéis experimentado que todo lo que el Concilio Vaticano II pedía a la Iglesia – ella tiene el deber de comunicar y los periodistas tienen el derecho de pedir información que consideren necesaria para el desarrollo de su trabajo – se ha traducido en una realidad para vuestro trabajo cotidiano. Es cierto que no todo es perfecto. En este campo, donde la evolución es tan rápida y constante, el trabajo de perfeccionamiento no termina nunca.

Ahora bien, en este encuentro el PCCS se presenta en su conjunto y – a partir del que suscribe, a quien la confianza del Santo Padre, ha llamado a sustituir al Cardenal Foley – expresa una vez más su disponibilidad para ser una presencia respetuosa y colaboradora en el campo de la comunicación; es una realidad que desea ponerse al servicio de la Iglesia universal en la acción de los medios católicos; voz amiga de todos los operadores que consideran un deber el favorecer una información correcta.

Durante estos meses, se han comunicado con nosotros muchos operadores de medios, grupos de universitarios, obispos y sus Conferencias Episcopales que nos han llevado a tomar algunas decisiones.

Como resultado de ello hemos pensado en dos Congresos Internacionales,
que realizaremos el primer semestre de este año. El primero está programado para el mes de mayo y será para los responsables de las Facultades de Comunicación de las Universidades Católicas; el segundo – previsto para junio – está dirigido a los responsables de las Radios Católicas. De estos congresos tendremos la oportunidad de hablar posteriormente. Ahora quisiera decir algunas palabras sobre el Mensaje del Papa.

Se trata de un tema importante; me atrevo a decir que es un tema decisivo, ya que nos conduce al corazón de preguntas delicadas que intentaré subrayar, de las cuales todos vosotros ya sois concientes pues las enfrentáis en primera persona durante vuestro trabajo cotidiano.

Cuando decimos que estos medios están en la encrucijada entre el protagonismo y el servicio, no se puede dejar de recordar lo que escribía ya en 1967 el Papa Pablo VI en el momento de proponer la Primera Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. En 1967, en sintonía con el Concilio Vaticano II que acababa de concluir, Pablo VI afirmaba que la Iglesia “se siente íntimamente solidaria con el género humano y con su historia”. Sin embargo, ya desde ese entonces advertía, que si la “grandiosidad del fenómeno, que reviste a cada persona y a toda la comunidad humana, es motivo de admiración y de complacencia”, al mismo tiempo añadía que ese fenómeno “nos hacía pensar y preocupar”.

¿Por qué la preocupación? Pablo VI advertía con claridad que en relación a los medios “se apela a la responsabilidad de todos”. A más de cuarenta años de distancia de aquella afirmación, se ve que su intuición era acertada y actual; y no se refiere a una responsabilidad genérica, sino que apela al individuo en particular, a cada operador de los medios.

En efecto, hoy en día los medios pueden ser instrumentos de nuestra esperanza, “pueden y deben ser instrumentos al servicio de un mundo más justo y solidario”, como escribe Benedicto XVI en su mensaje.

No es casual que el Papa mencione – aunque brevemente – el rol precioso que los medios han tenido y continúan teniendo “de manera decisiva”. Quizás haciéndonos entender con esta frase que nuestro cansancio diario como operadores humildes y, tantas veces, desapercibidos, se transforma en parte de una historia preciosa. Por el mismo motivo Benedicto XVI no sólo se limita a insinuar, sino que señala casi como una reseña los distintos sectores de la vida humana y de la convivencia de los pueblos donde los medios son una verdadera riqueza, una bendición para todos: “la alfabetización, la socialización, el desarrollo de la democracia y el diálogo entre los pueblos”.

Al mismo tiempo, el Papa sabe y advierte, con clara lucidez, que “desgraciadamente, existe el riesgo de que estos medios se transformen en sistemas dirigidos a someter al hombre a lógicas dictadas por intereses dominantes”. Este es el desafío de los medios, desafío que nosotros, en la cotidianidad, debemos afrontar para ser hombres solidarios con todos los hombres.

Estas reflexiones del Papa son un regalo para cada uno de nosotros de parte de un hombre de fe que ha pasado toda la vida aceptando la fatiga del estudio en la búsqueda continua de la verdad, que supo y continúa sabiendo pensar con libertad. Una de estas reflexiones es que “los medios pueden ser utilizados… para “crear” los eventos mismos.” ¿Y si los medios, más que relatar los eventos, los “crean”; qué sucede en relación al ser humano? Ciertamente, parecería correcto afirmar que la delicadeza y la amplitud de nuevas situaciones deberían impulsarnos a todos a hablar de “info-ética” para señalar directa y eficazmente la dimensión del problema.

Es lo que el Papa señala cuando escribe:” Más de uno piensa que es necesaria en este ámbito una "info-ética", así como existe la bio-ética en el campo de la medicina y de la investigación científica sobre la vida.”

Palabras de Benedicto XVI que nos alertan todavía más cuando las comunicaciones sociales están profundamente ligadas al hombre y, por tanto, invitándonos a defender celosamente a la persona humana en todos sus ámbitos y en todo lo que el hombre es y está llamado a ser.

Ciertamente son palabras que nos animan. Si los medios son un desafío, antes que nada son un desafío para la inteligencia humana. Y la Iglesia no tiene miedo de la inteligencia, ni de la razón. Y si en el documento conciliar Gaudium et spes la Iglesia afirma con alegría que “quien sigue a Cristo, el hombre perfecto; se transforma el mismo en más hombre”; se puede afirmar que quien ayuda al hombre a conocerse a sí mismo y a buscar la verdad, encuentra a Cristo. Es por esto que la frase del Evangelio de San Juan “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn 8,32) es guía y ayuda para afrontar el desafío que hoy la sociedad dirige a los medios, a sus operadores y a todos sus receptores: la búsqueda de la verdad – que es posible encontrar – es camino para la comunión entre las personas y los pueblos.

domingo, 13 de abril de 2008

Jornadas de Medios de Comunicación

Hola amigos bloggeros:

¿Qué tal estáis? Queremos anunciaros un acontecimiento de los grandes y que pocas veces se producen, al menos a nivel eclesial. Queremos invitaros a todos los que os dais una vuelta por estás páginas a las próximas Jornadas de Medios de Comunicación Social que se van a celebra en Madrid.

Dicho evento está organizado por la Asociación de Cooperadores Paulinos y por el Equipo de Pastoral y Formación de la Sociedad de San Pablo. Se va a desarrollar en dos días, bueno más bien en dos tardes.

El viernes, 18 de abril, a las 18:00 tendrá lugar una charla-coloquio titulada: «Los medios de comunicación, ¿llenan nuestra vida? Actitudes que está creando la nueva cultura de la comunicación» En ella tendremos la oportunidad de profundizar acerca de la cultura de nuestro tiempo y la incidencia que está teniendo en nuestra sociedad.

El sábado, 19 de abril, a las 17:30 horas celebraremos un cineforum en el que se proyectará la película de John Avnet, «Íntimo y personal». Con ella intentaremos reflexionar y compartir acerca de los medios de comunicación social y su implicación en nuestras vidas.

Si queréis participar en algunos de los eventos os podéis pasar por el Aula San Pablo. C/ Protasio Gómez, 15 (entre Arturo Soria y General Aranaz). El metro más cercano es: Ciudad Lineal.

Os esperamos a todos lo que podáis asistir. ¡Ah! Invitad a quien queráis, la entrada es libre.

sábado, 26 de enero de 2008

MENSAJE DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI PARA LA XLII JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

Los medios: en la encrucijada entre protagonismo y servicio.
Buscar la Verdad para compartirla

(4 de mayo de 2008)

Queridos hermanos y hermanas

1. El tema de la próxima Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, “Los medios: en la encrucijada entre protagonismo y servicio. Buscar la Verdad para compartirla”, señala la importancia del papel que estos instrumentos tienen en la vida de las personas y de la sociedad. En efecto, no existe ámbito de la experiencia humana –más aún si consideramos el amplio fenómeno de la globalización- en el que los medios no se hayan convertido en parte constitutiva de las relaciones interpersonales y de los procesos sociales, económicos, políticos y religiosos. A ese respecto escribía en mi Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz del pasado 1 de enero: «los medios de comunicación social, por las potencialidades educativas de que disponen, tienen una responsabilidad especial en la promoción del respeto por la familia, en ilustrar sus esperanzas y derechos, en resaltar su belleza» (n.5).

2. Gracias a una vertiginosa evolución tecnológica, estos medios han logrado potencialidades extraordinarias, lo cual plantea al mismo tiempo nuevos e inéditos interrogantes. Es innegable la aportación que pueden dar al flujo de noticias, al conocimiento de los hechos y a la difusión del saber. Han contribuido de manera decisiva, por ejemplo, a la alfabetización y la socialización, como también al desarrollo de la democracia y al diálogo entre los pueblos. Sin su aportación sería realmente difícil favorecer y mejorar la comprensión entre las naciones, dar alcance universal a los diálogos de paz, garantizar al hombre el bien primario de la información, asegurando a la vez la libre circulación del pensamiento, en orden sobre todo a los ideales de solidaridad y justicia social. Ciertamente, los medios en su conjunto no solamente son medios para la difusión de las ideas, sino que pueden y deben ser también instrumentos al servicio de un mundo más justo y solidario. No obstante, existe el riesgo de que en vez de ello se transformen en sistemas dedicados a someter al hombre a lógicas dictadas por los intereses dominantes del momento. Éste es el caso de una comunicación usada para fines ideológicos o para la venta de bienes de consumo mediante una publicidad obsesiva. Con el pretexto de representar la realidad, se tiende de hecho a legitimar e imponer modelos distorsionados de vida personal, familiar o social. Además, para ampliar la audiencia, la llamada audience, a veces no se duda en recurrir a la trasgresión, la vulgaridad y la violencia. Puede suceder también que a través de los medios se propongan y sostengan modelos de desarrollo que, en vez de disminuir el abismo tecnológico entre los países pobres y los ricos, lo aumentan.

3. La humanidad se encuentra hoy ante una encrucijada. También para los medios es válido lo que escribí en la Encíclica Spe salvi sobre la ambigüedad del progreso, que ofrece posibilidades inéditas para el bien, pero abre al mismo tiempo enormes posibilidades de mal que antes no existían (cf. n.22). Por lo tanto, es necesario preguntarse si es sensato dejar que los medios de comunicación se subordinen a un protagonismo indiscriminado o que acaben en manos de quien se vale de ellos para manipular las conciencias. ¿No se debería más bien hacer esfuerzos para que permanezcan al servicio de la persona y del bien común, y favorezcan «la formación ética del hombre, el crecimiento del hombre interior»? (cf. ibíd.). Su extraordinaria incidencia en la vida de las personas y de la sociedad es un dato ampliamente reconocido, pero hay que tomar conciencia del viraje, diría incluso del cambio de rol que los medios están afrontando. Hoy, de manera cada vez más marcada, la comunicación parece tener en ocasiones la pretensión no sólo de representar la realidad, sino de determinarla gracias al poder y la fuerza de sugestión que posee. Se constata, por ejemplo, que sobre algunos acontecimientos los medios no se utilizan para una adecuada función de informadores, sino para “crear” los eventos mismos. Este arriesgado cambio en su papel es percibido con preocupación por muchos Pastores. Justamente porque se trata de realidades que inciden profundamente en todas las dimensiones de la vida humana (moral, intelectual, religiosa, relacional, afectiva, cultural), poniendo en juego el bien de la persona, es necesario reafirmar que no todo lo que es técnicamente posible es también éticamente realizable. El impacto de los medios de comunicación en la vida de las personas contemporáneas plantea, por lo tanto, interrogantes ineludibles y espera decisiones y respuestas inaplazables.

4. El papel que los medios de comunicación han adquirido en la sociedad debe ser considerado como parte integrante de la cuestión antropológica, que se plantea como un desafío crucial del tercer milenio. De manera similar a lo que sucede en el campo de la vida humana, del matrimonio y la familia, y en el ámbito de los grandes temas contemporáneos sobre la paz, la justicia y la tutela de la creación, también en el sector de la comunicación social están en juego dimensiones constitutivas del ser humano y su verdad. Cuando la comunicación pierde las raíces éticas y elude el control social, termina por olvidar la centralidad y la dignidad inviolable del ser humano, y corre el riesgo de incidir negativamente sobre su conciencia y sus opciones, condicionando así la libertad y la vida misma de las personas. Precisamente por eso es indispensable que los medios defiendan celosamente a la persona y respeten plenamente su dignidad. Más de uno piensa que es necesaria en este ámbito una “info-ética”, así como existe la bio-ética en el campo de la medicina y de la investigación científica sobre la vida.

5. Se ha de evitar que los medios se conviertan en megáfono del materialismo económico y del relativismo ético, verdaderas plagas de nuestro tiempo. Por el contrario, pueden y deben contribuir a dar a conocer la verdad sobre el hombre defendiéndola ante los que tienden a negarla o destruirla. Se puede decir incluso que la búsqueda y la presentación de la verdad sobre el hombre son la más alta vocación de la comunicación social. Utilizar para este fin todos los lenguajes, cada vez más bellos y refinados, de los que los medios disponen, es una tarea entusiasmante confiada, en primer lugar, a los responsables y operadores del sector. Es una tarea que, sin embargo, nos corresponde en cierto modo a todos, porque en esta época de globalización todos somos usuarios y a la vez operadores de la comunicación social. Los nuevos medios, en particular la telefonía e Internet, están modificando el rostro mismo de la comunicación y tal vez ésta es una maravillosa ocasión para rediseñarlo y hacer más visibles, como decía mi venerado predecesor Juan Pablo II, las líneas esenciales e irrenunciables de la verdad sobre la persona humana (cf. Carta ap. El rápido desarrollo, 10).

6. El hombre tiene sed de verdad, busca la verdad; así lo demuestran también la atención y el éxito que tienen tantos productos editoriales y programas de ficción de calidad en los que se reconocen y son adecuadamente representadas la verdad, la belleza y la grandeza de la persona, incluyendo su dimensión religiosa. Jesús dijo: «Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 8,32). La verdad que nos hace libres es Cristo, porque sólo Él puede responder plenamente a la sed de vida y de amor que existe en el corazón humano. Quien lo ha encontrado y se apasiona por su mensaje, experimenta el deseo incontenible de compartir y comunicar esta verdad: «Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos –escribe San Juan–, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de Vida [...], os lo anunciamos para que estéis unidos con nosotros en esa unión que tenemos con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto para que nuestra alegría sea completa» (1 Jn 1, 1-3).

Invoquemos al Espíritu Santo para que no falten comunicadores valerosos y testigos auténticos de la verdad que, fieles al mandato de Cristo y apasionados por el mensaje de la fe, «se hagan intérpretes de las actuales exigencias culturales, comprometiéndose a vivir esta época de la comunicación no como tiempo de alienación y extravío, sino como un tiempo oportuno para la búsqueda de la verdad y el desarrollo de la comunión entre las personas y los pueblos» (Juan Pablo II, Discurso al Congreso Parábolas mediáticas, 9 noviembre 2002, 2).

Con estos deseos os imparto con afecto mi bendición.

Vaticano, 24 de enero 2008, Fiesta de San Francisco de Sales.

BENEDICTUS PP. XVI


Fuente: http://www.vatican.va


Gracias a nuestra amiga Teresa Guijarro, que en cuanto le llegó el mensaje del Papa, rápidamente nos lo envió.

miércoles, 31 de octubre de 2007

JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

¡Ya tenemos lema! Así es, el próximo 4 de mayo de 2008, domingo anterior a Pentecotés, celebraremos la 42º Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales bajo el lema: "Los medios: en la encrucijada entre protagonismo y servicio. Buscar la verdad para compartirla".

Según comentó Monseñor Claudio María Celli, Presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, dicho lema nos invita a tomar conciencia "sobre el papel de los medios de comunicación, en relación al peligro, cada vez más presente, de que estos sean referencia de sí mismos y no únicamente instrumentos de la verdad. Verdad que debe ser buscada y compartida.".

Recordamos que la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, es la única que estableció el Concilio Vaticano II con el Decreto Inter Mirifica.

Como viene siendo habitual el próximo 24 de enero, san Francisco de Sales, patrono de los periodistas, el Santo Padre publicará el mensaje correspondiente a esta Jornada.

Al menos a nosotros el lema nos ha llenado de gozo y esperanza. Porque ese es el objetivo que, al menos nosotros, nos hemos marcado, aunque a veces no lo consigamos, con las diversas actividades que llevamos a cabo: "buscar y compartir la verdad".